jueves, 21 de noviembre de 2013

La espiritualidad del oceano

Monet cara a cara me deja una lección que nos cuesta aprender. Su evolución al impresionismo es sorprendente, sin renunciar al pincel propio en los finos trazos de sus cambios.  Ayer, varios años ya, me impulsaba la corriente religiosa filo fundamentalista.  Hoy, en medio de la asamblea de religiones por la paz aprecio la evolución  con el trazo de una espiritualidad minimalista distinguible en la irrenunciable contemplación del Jesús  nazareno,  su propuesta de reino sin rey y su vigente y persuasiva invitación al oído para seguir su andanza.
Lo “pleromatico”, o plenitud de sentido se me vino de golpe.  Es que hoy, fue posible renunciar  al soliloquio de los sentidos  solos y  contemplé del arte histórico la absorción del espíritu, pues pude mirar a mi lado el bello rostro de cuyos ojos emana el sentido de una relación plena. Lili a mi lado o mejor dicho, yo al suyo.
Cara a cara con las obras impresionistas, neo, post y clásicas experimentamos la mirada atrapada en el asombro, la grandeza, lo indescriptible y la belleza. Semejante a  las caminatas por la cultura incaica, con Lili también. Una experiencia francamente espiritual.  Se nos vació el espíritu en cada contemplación en gratitud y asombro. Luego poco a poco en la mano apretada  y los pies cansados de peregrinaje por los pasadizos plásticos se nos devolvió renovado.
Los hijos sabrán llegar sin duda. Ya partieron algunos por las sendas del Inca. Y contemplamos por lo que no vinieron.
Una gota cayó en el océano. Por qué lloras le pregunto el océano.  Perderé mi individualidad respondió la gota. No. Te volverás océano le replico el mar.