Monet cara a cara me
deja una lección que nos cuesta aprender. Su evolución al impresionismo es
sorprendente, sin renunciar al pincel propio en los finos trazos de sus cambios. Ayer, varios años ya, me impulsaba la
corriente religiosa filo fundamentalista.
Hoy, en medio de la asamblea de religiones por la paz aprecio la
evolución con el trazo de una
espiritualidad minimalista distinguible en la irrenunciable contemplación del Jesús
nazareno, su propuesta de reino sin rey y su vigente y persuasiva
invitación al oído para seguir su andanza.
Lo “pleromatico”, o
plenitud de sentido se me vino de golpe. Es que hoy, fue posible renunciar al soliloquio de los sentidos solos y contemplé del arte histórico la absorción del espíritu,
pues pude mirar a mi lado el bello rostro de cuyos ojos emana el sentido de una
relación plena. Lili a mi lado o mejor dicho, yo al suyo.
Cara a cara con las
obras impresionistas, neo, post y clásicas experimentamos la mirada atrapada en
el asombro, la grandeza, lo indescriptible y la belleza. Semejante a las caminatas por la cultura incaica, con
Lili también. Una experiencia francamente espiritual. Se nos vació el espíritu en cada contemplación
en gratitud y asombro. Luego poco a poco en la mano apretada y los pies cansados de peregrinaje por los
pasadizos plásticos se nos devolvió renovado.
Los hijos sabrán
llegar sin duda. Ya partieron algunos por las sendas del Inca. Y contemplamos por lo que no vinieron.
Una gota cayó en el océano.
Por qué lloras le pregunto el océano. Perderé
mi individualidad respondió la gota. No. Te volverás océano le replico el mar.