miércoles, 14 de diciembre de 2016

Espacio para reerc

Paráfrasis con libertad extrema de Eclesiastés.

Zigzagueo azaroso la vida finita, en cuya                                                 trama se enreda con nosotros Dios. 
La ilusa concepción de una vida lineal, un plan con trazo grueso y recto, trasunta en proyección de anhelos frustrados, idolatría de auto-expectativas, casuística victimizante, miedo pavoroso al intento de ser libres.

Si en el trayecto de nuestra finitud acontece un milagro celebramos todos. De otro modo, en su más real ausencia, apañamos todos el dolor que no aguanta, y en el enredo de contención, otra vez, con nosotros Dios. 

El milagro, esa especie de agujero milimétrico de infinitud que pareciera abrirse y en el mismo  tenue instante  se desvanece y vuelve la vida a su ruedo que encara la muerte. tiene otra vuelta menos vanal. Quedarse en ese roce de Infinito es encaminarse a lo demoniaco, que pretende revestirlo todo desde ese orificio de trascendencia. Mascarar con infinitud la finitud de la vida. se vacia la vida y se muere el asombro.

Más bien de pie, en la resistencia y hospitalidad, ante la perplejidad  permanente de la vida, es el milagro. 
En el trayecto del acontecer, el continuo resplandor de Aquel que esta más allá de todo lo pensado, asoma allí. De pie, en el trayecto  aleatorio de nuestra vida.


Y todo tiene su tiempo