Paráfrasis con libertad extrema de
Eclesiastés.
Zigzagueo azaroso la vida finita, en cuya trama se enreda con nosotros Dios.
La ilusa
concepción de una vida lineal, un plan con trazo grueso y recto, trasunta en
proyección de anhelos frustrados, idolatría de auto-expectativas, casuística
victimizante, miedo pavoroso al intento de ser libres.
Si
en el trayecto de nuestra finitud acontece un milagro celebramos todos. De otro
modo, en su más real ausencia, apañamos todos el dolor que no aguanta, y en el
enredo de contención, otra vez, con nosotros Dios.
El milagro, esa especie de agujero milimétrico de infinitud que pareciera abrirse y en el mismo tenue instante se desvanece y vuelve la vida a su ruedo que encara la muerte. tiene otra vuelta menos vanal. Quedarse en ese roce de Infinito es encaminarse a lo demoniaco, que pretende revestirlo todo desde ese orificio de trascendencia. Mascarar con infinitud la finitud de la vida. se vacia la vida y se muere el asombro.
Más
bien de pie, en la resistencia y hospitalidad, ante la perplejidad permanente de la vida, es el milagro.
En el trayecto del acontecer, el continuo resplandor de Aquel que esta más allá de todo lo pensado, asoma allí. De pie, en el trayecto aleatorio de nuestra vida.
En el trayecto del acontecer, el continuo resplandor de Aquel que esta más allá de todo lo pensado, asoma allí. De pie, en el trayecto aleatorio de nuestra vida.
Y
todo tiene su tiempo
