“Los
últimos serán primeros”
Jesús
Esta reiterada frase de Jesús da cuenta
de un principio ético para la toma de decisiones en su agenda proposicional del
evangelio, como manifestando uno de los sentidos fundamentales del significado
de justicia de su propuesta. Si éste fuera vinculante, expresión tan recurrida
en estos tiempos, muchas cosas se habrían evitado, sobre todo las expresiones
de violencia.
Bajo ningún punto de vista pretendo hacer
una apología de la violencia y vandalismo, pero hay que tratar de entenderla. A
su vez, entiendo la convocatoria a orar por parte de las confesiones religiosas
como un acto profundo de autoanálisis humilde de los acontecimientos en
perspectiva de fe creyente. En esa reverencial instancia me viene el eco de
este principio y la necesidad de asumir nuestras propias responsabilidades en
estos sucesos.
Desde este escenario me pregunto si las
voces de quienes hoy se manifiestan violentamente no son sino los hijos de un
sistema totalmente contrario a este principio ético.
Por ejemplo, se crearon los colegios de
excelencia con el criterio de que los mejores estuvieran juntos, previa
selección por capacidades y con los mejores profesores. Un alto porcentaje de
jóvenes quedaron segregados a colegios con menos recursos, de menor
calidad y con profesores menos calificados.
Un modelo centrado en el mérito, y no centrada en igualdad de oportunidades, donde,
obviamente, los “últimos” están
predestinados a ser siempre rezagados. Sus matrículas en colegios municipales
de sus comunas, creadas bajo la segregación clasista que se hizo en tiempos de
la dictadura, solo les garantizaban la permanencia ad eternum a seguir en las
mismas condiciones de su entorno socio económico. Sus voces silenciadas comenzaban
a magullar frustración que fue acumulando solo rabia en sus entrañas. ¿Habría
sido otra cosa si se aplicara este principio?
En el sistema de salud, sus urgencias
eran postergadas una y otra vez como en una suerte de eutanasia socio
económica. Listas eternas no conocidas por quienes, en posiciones de mayor
privilegio, tienen un seguro médico que les da acceso a la atención privada e
inmediata. Otro criterio de selección que posterga un derecho convirtiendo al
paciente en cliente. Otra cosa habría sido un acceso al servicio médico bajo
este principio.
Los últimos serán los primeros establece
un puente claro entre la justicia y la paz, las reconcilia, las abraza como nos
indica el salmo 85. Desde este principio
se mira el horizonte de las inequidades y empareja la cancha para que todas y
todos tengan verdaderamente las mismas oportunidades.
El modelo neoliberal es lo opuesto a este
principio, establece el mérito como condición de posibilidad para la dignidad.
Los violentistas son hijos de este modelo, no tiene utopías, se declaran
equívocamente anarquistas (digo equívocamente pues lejos están del ideario de
Bukanin o Tolstoi) y lamentablemente no tienen otra vía de manifestación, pues
la violencia por omisión y comisión en la que nacieron y criaron les enseñó y los
condicionó a esta expresión de su desesperanza.
La evasión es, en este sentido, el karma
de la evasión sistemática que se ha hecho de ellos. Colusiones farmacéuticas,
de alimentos y papeles higiénicos se devolvió a través de esta lamentable
retribución.
Condenable el vandalismo y los saqueos,
lejos está de este principio ético fundamental del evangelio. Refleja la moral
en que se nos ha educado, mas bien pre moral, pues son reacciones condicionadas
socio económicamente. Como un fiel reflejo del condicionamiento clásico que
anula la libertad como responsabilidad. Muchos de ellos pasaron por la escuela
del sistema del SENAME cuya moral conductista, aún sin cambios profundos, sólo
alimentaba la frustración. Los niños SENAME tienen nombre, no seudónimos como
“cisarro” u otros, y detrás de ellos un relato de vida que también nos hace
responsables.
Si los últimos son los primeros, es
consecuente con la indicación a la paz social, escucharlos y no solo
criminalizarlos, pues como un espejo, eso también criminaliza a todos. Es
lamentable que la única voz que se oye frente a ellos es más represión sin la
mínima humildad y sentido de responsabilidad frente a sus acciones por parte de
las autoridades y los responsables de un modelo social y económico
meritocrático, donde méritos y privilegios son la única condición de
posibilidad para la dignidad.
Si los últimos son los primeros seria
necesario recursos para canalizar su rabia y bajar sus piedras y subirles la
esperanza y reales oportunidades de dignidad.
Un amigo, Fred Milligan, presbítero
protestante, el día de protestas se puso a proveer agua a los manifestantes a
la puerta de su parroquia, les llenaba sus contenedores de agua y refrescaba sus
cuerpos adrenalísticos. No solo a ellos, también a los carabineros. Pudo
establecer vínculos de empatía incluso con los violentistas y aplacar su rabia
por un instante, al menos con un mínimo gesto de hospitalidad. Si no hay
espacios de hospitalidad social e inclusiva para ellos será difícil la paz.
Omar Cortés
Gaibur
Profesor de
ética
Comunidad
Teológica Evangélica de Chile
Director
Ejecutivo ADIR Chile.
