Se acopla un vacío al vaivén de la vida.
los ritos de réquiem
para decirle adiós no pudieron ser más a tono a lo que fue su vida: voces de la diversidad que tanto nos enseñó a
aceptar y crecer con ellas: el rezo judío milenario que seguramente el mismo Jesús,
a quien tanto siguió en sus actos de vida, habría dicho a un amigo, estuvo presente
en el rabino Feldmann, cuya comunidad envío la solicitud de plantar un árbol a
su nombre en tierra santa; la Sura del Corán que nos recordó el amigo Mohamed, haciéndonos
ver que su vida también recibía un aplauso de Al-lah;
sus compañeros del gremio de los profesores recordando su consecuencia de
profesor-maestro; la voz de su amigo de la elocuencia, Pedro Godoy, entronizándolo
en la línea de los grandes pedagogos de la patria nuestra; las cálidas palabras
del pastor anglicano, Pato Browne, que él mismo habría dicho para reconocer a su
compañera de la vida en su abnegada labor de cuidarlo hasta el último respiro; Los
cantos de la elegía de Miguel Hernández
despidiendo al compañero del alma, “honrar la vida” que fue su “leit motiv”y ese eterno "hacer camino al andar" que fue su existir.
Se fue el “compañero del alma” con él quien siempre quedó
algo para seguir conversando. Nos deja su siembra de rosas blancas en el corazón
de su familia y en cada rincón donde dejó su estampa. Su vida fue ese verso de
José Martí. Adiós Waldemar…. De quien siempre tuvimos “una mano franca”
Muchas gracias.
Muchas gracias.

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