jueves, 14 de noviembre de 2019

Ética y Espiritualidad de la Dignidad



“Los últimos serán primeros”
                                                                  Jesús
 En ocasión a las invitación a orar o rezar por la confesiones religiosas por la paz social escribo estas notas como una acción consecuente con toda espiritualidad.

Esta reiterada frase de Jesús da cuenta de un principio ético para la toma de decisiones en su agenda proposicional del evangelio, como manifestando uno de los sentidos fundamentales del significado de justicia de su propuesta. Si éste fuera vinculante, expresión tan recurrida en estos tiempos, muchas cosas se habrían evitado, sobre todo las expresiones de violencia.

Bajo ningún punto de vista pretendo hacer una apología de la violencia y vandalismo, pero hay que tratar de entenderla. A su vez, entiendo la convocatoria a orar por parte de las confesiones religiosas como un acto profundo de autoanálisis humilde de los acontecimientos en perspectiva de fe creyente. En esa reverencial instancia me viene el eco de este principio y la necesidad de asumir nuestras propias responsabilidades en estos sucesos.

Desde este escenario me pregunto si las voces de quienes hoy se manifiestan violentamente no son sino los hijos de un sistema totalmente contrario a este principio ético.

Por ejemplo, se crearon los colegios de excelencia con el criterio de que los mejores estuvieran juntos, previa selección por capacidades y con los mejores profesores. Un alto porcentaje de jóvenes quedaron segregados a colegios con menos recursos, de menor calidad  y con profesores menos calificados. Un modelo centrado en el mérito, y no centrada en igualdad de oportunidades, donde, obviamente,  los “últimos” están predestinados a ser siempre rezagados. Sus matrículas en colegios municipales de sus comunas, creadas bajo la segregación clasista que se hizo en tiempos de la dictadura, solo les garantizaban la permanencia ad eternum a seguir en las mismas condiciones de su entorno socio económico. Sus voces silenciadas comenzaban a magullar frustración que fue acumulando solo rabia en sus entrañas. ¿Habría sido otra cosa si se aplicara este principio?


En el sistema de salud, sus urgencias eran postergadas una y otra vez como en una suerte de eutanasia socio económica. Listas eternas no conocidas por quienes, en posiciones de mayor privilegio, tienen un seguro médico que les da acceso a la atención privada e inmediata. Otro criterio de selección que posterga un derecho convirtiendo al paciente en cliente. Otra cosa habría sido un acceso al servicio médico bajo este principio.

Los últimos serán los primeros establece un puente claro entre la justicia y la paz, las reconcilia, las abraza como nos indica el salmo 85.  Desde este principio se mira el horizonte de las inequidades y empareja la cancha para que todas y todos tengan verdaderamente las mismas oportunidades.

El modelo neoliberal es lo opuesto a este principio, establece el mérito como condición de posibilidad para la dignidad. Los violentistas son hijos de este modelo, no tiene utopías, se declaran equívocamente anarquistas (digo equívocamente pues lejos están del ideario de Bukanin o Tolstoi) y lamentablemente no tienen otra vía de manifestación, pues la violencia por omisión y comisión en la que nacieron y criaron les enseñó y los condicionó a esta expresión de su desesperanza.

La evasión es, en este sentido, el karma de la evasión sistemática que se ha hecho de ellos. Colusiones farmacéuticas, de alimentos y papeles higiénicos se devolvió a través de esta lamentable retribución.

Condenable el vandalismo y los saqueos, lejos está de este principio ético fundamental del evangelio. Refleja la moral en que se nos ha educado, mas bien pre moral, pues son reacciones condicionadas socio económicamente. Como un fiel reflejo del condicionamiento clásico que anula la libertad como responsabilidad. Muchos de ellos pasaron por la escuela del sistema del SENAME cuya moral conductista, aún sin cambios profundos, sólo alimentaba la frustración. Los niños SENAME tienen nombre, no seudónimos como “cisarro” u otros, y detrás de ellos un relato de vida que también nos hace responsables.

Si los últimos son los primeros, es consecuente con la indicación a la paz social, escucharlos y no solo criminalizarlos, pues como un espejo, eso también criminaliza a todos. Es lamentable que la única voz que se oye frente a ellos es más represión sin la mínima humildad y sentido de responsabilidad frente a sus acciones por parte de las autoridades y los responsables de un modelo social y económico meritocrático, donde méritos y privilegios son la única condición de posibilidad para la dignidad.

Si los últimos son los primeros seria necesario recursos para canalizar su rabia y bajar sus piedras y subirles la esperanza y reales oportunidades de dignidad.

Un amigo, Fred Milligan, presbítero protestante, el día de protestas se puso a proveer agua a los manifestantes a la puerta de su parroquia, les llenaba sus contenedores de agua y refrescaba sus cuerpos adrenalísticos. No solo a ellos, también a los carabineros. Pudo establecer vínculos de empatía incluso con los violentistas y aplacar su rabia por un instante, al menos con un mínimo gesto de hospitalidad. Si no hay espacios de hospitalidad social e inclusiva para ellos será difícil la paz.

Omar Cortés Gaibur
Profesor de ética
Comunidad Teológica Evangélica de Chile
Director Ejecutivo ADIR Chile.


3 comentarios:

  1. Mi querido amigo Omar te felicito porceste articulo. Comparto mucho de lo que expones.

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  2. Jesús tuvo compasión de los pobres, oprimidos y no solo alzó su voz, tomó acciones !!

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