lunes, 25 de abril de 2011

A mar… garita de acogida y la vida linda.


Te acuerdas Marga? Tú mirabas el mar y silente despedías al Waldo navegante de mundos allendes.
Yo te miraba a ti, parada en el pequeño islote de la frágil tierra, sabiendo que la vida de los seres que se van se queda en ti y en la incertidumbre de todos los seres móviles en la embarcación del terruño.
Tus ojos. Tus hermosos y transparentes ojos, semejantes a tus hermanos, se clavan en el horizonte de un mar que nos acuna y llama. Llama a vivir, llama a morir. Y entre los llamados la existencia sentida, dolida y alegre. La mejor metáfora de la supuesta “caída” es caerse del mar. Pues allí, sin su brisa, el horizonte ya no nos mira más.
¿Por qué el mar se mira en tus ojos? desde ellos se contempla la hermosura de lo inmenso en tu vida plena, donde las carencias balancean los pasos y las frustraciones paran el rumbo para volver a intentar.
Marga de mar ita de la inmensidad no dejes de mirar.
Con cincuentada de intentos espero los nietos de la Catalfredo, contemplar los pasos del flaco estirado al infinito de logros y los tuyos, mi princesa, regalando estrellas de la mar.
Así no más, valga la pobreza del verso por menos fármaco y mas aliento tuyo capturando libélulas de ilusión que tus ojos convierten en vida.
¿Qué hacemos Ruben, Qué hacemos? Para que la niña de tus ojos y los mios siga mirando el mar

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