"La iluminación
es flor que brota inesperadamente a la vera del camino y nos sorprende en pleno
extravío. La maravilla del loto blanco, simultaneidad de flor y fruto, florece
inesperadamente desde el fango. Dejándonos aceptar gratuitamente, asumimos la
necesidad del propio barro sin justificarla. La realidad nos deja ser y nos
dejamos ser por ella…
Bueno es
reconocer la sombra y responder a la luz, sin obsesionarnos con la negatividad.
Reconocer que el estanque de mi vida no es agua trasparente. Engaño es creerse
agua limpia. Pero mayor equivocación es no percatarse de que la gota de agua
sucia puede reflejar la luna. Al filtrar el agua, hay quien se queda mirando la
suciedad recogida en el filtro, en vez de beber la que sale limpia.
Descubrimos lo
mejor nuestro cuando alguien se fía de nosotros, incondicional y amablemente.
Soy mejor de lo que creo cuando me autocondeno. Soy peor de lo que me creo
cuando me autojustifico. Lo mejor de mi mismo es mi yo profundo, soy mi
mejor yo, cuando soy tal cual me ve quien, al mirarme con amor, me crea. “La
llegada del reino de Dios no esta sujeta a cálculos” (Lc 17,20)
Si descubrimos
una instancia absoluta que nos acepta sin condiciones, tocamos fondo en
lo
mejor de la propia hondura, allí donde somos mas que nosotros mismos: homo superat hominem, la profundidad
humana desborda la pequeñez de los humano."
De Juan Masiá en Vivir, Espiritualidad en Pequeñas Dosis

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