viernes, 25 de febrero de 2011

filosofía del tabaco que dejo de fumar

El incienso secular .
Se lleva quemando de a poco el corazón de las grandes frustraciones.
Va socavando la madera interior como pretendiendo que la combustión lenta se vaya haciendo cargo del sueño que nunca fue, de la realidad que se esfumó.
Ahúma  los sueños  y  vuelve nicotínica la realidad.
Va muriendo de a poco la vida que se te fue y se aspira profundo para decirle un doloroso adiós.
Y vuelves,  se prende otro tras otro en pausas breves de rutina Ionesco
Como las cantidades de velas que calientan el entorno de las animitas.
Porque en el fondo. es  el incienso de una despedida negada
Y ahumado caminas tabaqueado.

Humo contestatario.  
Lo prendes y el olor penetrante se lanza a las absurdas pretensiones de salud en un mundo donde no existen las alfombras limpias.
Contaminas lo contaminado,
Como si la homeopatía se pudiera hacer cargo de limpiarnos un poco.
Aparear la honestidad de asumir con la falsedad de evadir,   donde los devotos del incienso sacrosanto de rezos y rodillas son expertos.
Entonces lo vuelves a lanzar, como la dama orgullosa desde su largo filtro que humea el rostro de su interlocutor que en realidad no  la escucha.
Y el humo es el espejo más noble de la propia realidad interior y desde allí se eleva hasta perderse.
Llega a las narices del creador de la planta tabaquera quien sigue, graciosamente, dispuesto a bajar su diestra y prender el que viene o dejo de venir. 
Desde esa encendida confesión me voy despidiendo del masoquista humo adictivo.

lunes, 21 de febrero de 2011

desde la boda de la Catalinda y su flaco


Que difícil tarea impuso el oficiante. Encontrar un símbolo que represente este acto de entrega, de dejarte partir en estos nuevos lazos de amor que tejes con Alfredo.
Pensé en tu niñez. Pero no usaste chupete.
En tu infancia y caminaste rápido. No hubo andador
En tu adolescencia y asomó tu sana rebeldía en tu pelo encrespado al viento  que mis dedos, más de una vez,  intentaron desenredar al abrazo de tus sueños.
Y me he quedado pegado en tu sonrisa recilente. Hija del coraje y la nobleza.
Entonces,  me  acordé de tus cavilaciones vocacionales. Quisiste estudiar cocina para tener un restaurant y recuerdo haber mencionado que pelarías cebolla toda tu vida cuestionando tus decisiones. Pero optaste por que el prójimo no pele solo cebolla e hiciste de los social tu vocación y trabajo.
Eso hoy te entregamos. Una cebolla. Símbolo de lo que viene.
Desojarás,
llorarás,
reirás,
pelarás,
picarás finito
y aliñarás
todo a la vez, o una tras otra, la vida entera.
Le pondrás cebolla al pino que sabes ponerle a la vida.
Y como dice el refrán,
con tu flaco pan y cebolla.

sábado, 19 de febrero de 2011

una danza para bailar , me concede esta pieza...

Si estuviéramos contentos de ti, Señor,
no podríamos resistir a esa necesidad de danzar que desborda el mundo
y llegaríamos a adivinar
qué danza es la que te gusta hacernos danzar,
siguiendo los pasos de tu Providencia.
Porque pienso que debes estar cansado
de gente que hable siempre de servirte
con aire de capitanes;
de conocerte con ínfulas de profesor;
de alcanzarte a través de reglas de deporte;
de amarte como se ama un viejo matrimonio.
Y un día que deseabas otra cosa
inventaste a San Francisco
e hiciste de él tu juglar.
Y a nosotros nos corresponde dejarnos inventar
para ser gente alegre que dance su vida contigo.
Para ser buen bailarín contigo
no es preciso saber adónde lleva el baile.
Hay que seguir,
ser alegre,
ser ligero y, sobre todo, no mostrarse rígido.
No pedir explicaciones de los pasos que te gusta dar.
Hay que ser como una prolongación ágil y viva de ti mismo
y recibir de ti la transmisión del ritmo de la orquesta.
No hay por qué querer avanzar a toda costa
sino aceptar el dar la vuelta,
ir de lado,
saber detenerse y deslizarse en vez de caminar.
Y esto no sería más que una serie de pasos estúpidos
si la música no formara una armonía.
Pero olvidamos la música de tu Espíritu
y hacemos de nuestra vida un ejercicio de gimnasia;
olvidamos que en tus brazos se danza,
que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía,
y que no hay monotonía ni aburrimiento
más que para las viejas almas
que hacen de inmóvil fondo
en el alegre baile de tu amor.
Señor, muéstranos el puesto
que, en este romance eterno iniciado entre tú y nosotros,
debe tener el baile singular de nuestra obediencia.
Revélanos la gran orquesta de tus designios,
donde lo que permites toca notas extrañas
en la serenidad de lo que quieres.
Enséñanos a vestirnos cada día con nuestra condición humana
como un vestido de baile, que nos hará amar de ti
todo detalle como indispensable joya.
Haznos vivir nuestra vida,
no como un juego de ajedrez en el que todo se calcula,
no como un partido en el que todo es difícil,
no como un teorema que nos rompe la cabeza,
sino como una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo,
como un baile,
como una danza entre los brazos de tu gracia,
con la música universal del amor.
Señor, ven a invitarnos.

Madeleine Delbrel

miércoles, 2 de febrero de 2011

Credo Cincuentenario

Credo cincuentenario
Ya no fumo mas…

Vuelvo a ti, credo porteño.
puerto de mis huesos,
sangre de mis  amores
viento de mis nostalgias.
Puerto familiar, puerto del silencio
Del silbido de viento que cruza intruso los rincones de escalas eternas,
de casas señoriales y laberintos envejecidos mirando hacia al mar en sus salidas y entradas.
Sopla, brisa, hacia el norte, aunque las bisagras se traben en el pretérito imperfecto.

En lo que he dejado de creer hace, 10 años me habría considerado hereje.
Hoy, más libre, en pretensión al menos, y sacudido,
lo esencial comienza a raspar los goznes del alma.

He dejado de creer en la estructura de la religión cristiana occidental.
Algo así como la inutilidad de la armadura de David para derrotar a Goliat
 y armarse de lo simple de la vida para hacerle frente al gigante, hoy sistema.

He dejado de creer en el aparataje doctrinal que mutó la fe-entrega en creencias avaras y enmudeció la voz del Galileo de su simple vocativo a seguirle.

He dejado de creer  en la fe verbal que enmascara los actos y disfraza la autenticidad vulnerable en sonrisas de payasos y falsos aleluyas

He dejado de creer en la pureza doctrinal, ilusión que se nutre de las ansias de poder.

De la vestimenta religiosa me desvisto. Desnudo abrazo la espiritualidad transversal de todos y todas, quienes, desde la fragilidad, abrazan al prójimo como el autentico encuentro con Dios.
Ya no imito mas a Jesús, participo de Él.
Su gracia es el viento que empuja a jugarse y mojarse de nuevo por un mundo de encuentros.
Creo, a concho, en la gratitud y gratuidad,
el regalo de muchos que en  su cariño sano completa el equipaje suficiente para no seguir fumando el dolor de lo perdido y el penetrante aroma de los actos fallidos.
Ya no fumo más.
Amen.