miércoles, 2 de febrero de 2011

Credo Cincuentenario

Credo cincuentenario
Ya no fumo mas…

Vuelvo a ti, credo porteño.
puerto de mis huesos,
sangre de mis  amores
viento de mis nostalgias.
Puerto familiar, puerto del silencio
Del silbido de viento que cruza intruso los rincones de escalas eternas,
de casas señoriales y laberintos envejecidos mirando hacia al mar en sus salidas y entradas.
Sopla, brisa, hacia el norte, aunque las bisagras se traben en el pretérito imperfecto.

En lo que he dejado de creer hace, 10 años me habría considerado hereje.
Hoy, más libre, en pretensión al menos, y sacudido,
lo esencial comienza a raspar los goznes del alma.

He dejado de creer en la estructura de la religión cristiana occidental.
Algo así como la inutilidad de la armadura de David para derrotar a Goliat
 y armarse de lo simple de la vida para hacerle frente al gigante, hoy sistema.

He dejado de creer en el aparataje doctrinal que mutó la fe-entrega en creencias avaras y enmudeció la voz del Galileo de su simple vocativo a seguirle.

He dejado de creer  en la fe verbal que enmascara los actos y disfraza la autenticidad vulnerable en sonrisas de payasos y falsos aleluyas

He dejado de creer en la pureza doctrinal, ilusión que se nutre de las ansias de poder.

De la vestimenta religiosa me desvisto. Desnudo abrazo la espiritualidad transversal de todos y todas, quienes, desde la fragilidad, abrazan al prójimo como el autentico encuentro con Dios.
Ya no imito mas a Jesús, participo de Él.
Su gracia es el viento que empuja a jugarse y mojarse de nuevo por un mundo de encuentros.
Creo, a concho, en la gratitud y gratuidad,
el regalo de muchos que en  su cariño sano completa el equipaje suficiente para no seguir fumando el dolor de lo perdido y el penetrante aroma de los actos fallidos.
Ya no fumo más.
Amen.




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