martes, 21 de diciembre de 2010

En ruta 4...

Me lavé en el ritual de purificación que se hace en casa antes de ir con unos primos a la mezquita a la última oración de ese día. Manos, brazos, cara, labios, narices, pero tres veces y finalmente los pies. Al salir una tía o prima de mi madre se despidió de mi dándome un beso, Rápidamente me dijeron que no lo hiciera que estaba limpio para ir a la oración, pero por ser una mujer que podría ser mi madre, paso. Una vez en la mezquita hice el ceremonial corporal que hacia uno de mis primos. Yo , en mi caso, invocando al mismo Dios pero por la vía abierto del camino que conocí, Jesús. Luego se acerca y me dice. Mira las manos van sobre el pecho pero la diestra va sobre la izquierda y no al revés como lo estaba haciendo, lo peor fue que uno de los orantes me observó y le pregunto a Ahmad porque yo rezaba como las mujeres, pues al inclinarme iba con mis brazos sobre el suelo y los hombre se inclina con las manos acercando la cabeza al suelo. Bueno me corrigió y   a la hora de ser guiado por el Iman que lleva adelante la oración final de día lo hice de la forma masculina. Además, al finalizar la oración que te conduce a inclinar todo el cuerpo debes decir la paz sea contigo hacia la derecho moviendo la cabeza y luego hacia la izquierda, Yo solo lo hice hacia la derecha. Bueno. Paso el momento.
Fue significativo, di gracias a Dios por esta experiencia, agradecí la oportunidad de este viaje y rogé por ellos y los de Chile.
Luego, al regreso a casa,  la última fiesta con baile, nargila y mate, si mate tal como leen.  No faltó  que un sirio de argentina y otras cuantos trajeran su yerba para visitar a sus familiares y contagiaron al resto con la bebida sudamericana. Ahora encuentras mate en las tiendas y beben cual fueran sudamericanos.


lunes, 8 de noviembre de 2010

marcas que estigman

La consultora Anguita y el MINEDUC me han regalado una experiencia que no sospeché vivir. Me encuentro como consultor capacitando a los Supervisores Técnicos Pedagógicos del Ministerio de Educacion. Un intento de orientar su función al rol de asesores.
Hoy, en la experiencia de entrar en el espacio laboral que fue propio de mi padre, retomo este poema dedicado a su vida. Existencia que hoy vive los embates de una enfermedad de postración y dependencia. Su vida laboral fue vocación y su paternidad bailaba la danza del docente o maestro que estructuró su identidad plena...

Hay marcas que estigman

Tu silencio viejo, pedagogo
Son tus discursos y pizarras de cal del ayer
Tu logos creativo en remanso, impulso de ideales,
Bien merece un descanso tras haber amado tanto.
Tu verbo en gratitud ante el ritual de amarte postrado
Por noches y mañanas,
quiebra el dolor en ternura
Y tu humildad sosiega mis soberbias.
Tu inmovilidad es el descanso de tanta
contradicción  ingrata,
porque tus adultos siguen esperando
aun carentes de palabras freirianas,
sin contar más con la elocuencia que sellaron tus actos por ellos.
sacando de la nada una campana en callampa para llamar a prójimo al curso del abc
Calla viejo, descansa, que nos toca a nosotros
amar sin preguntas, conjugar el plural
y quedarnos sin abrigo en el latido distinto.
Crea  todavía,  con tus gracias tiernas y resignación,
más mundo y sentido para los que firme tomarán el relevo.
Gemas que permutan tus sueños y los míos
Sellados por palabras de tu silencio vivo
Dale, libera en tus silencios,
Puentes en los  vástagos  que marquen en ellos
La esclavitud de amar,
Espinudo camino de la escasa libertad.
Debiste pedirme permiso para marcarme tanto y ahora en tu silencio.
Viejo educador empedernido.

domingo, 17 de octubre de 2010

En ruta 3...

No sé cómo describir estos días en Akareb. Me cobija el silencio del asombro y el valor de las raíces. El mujtar  del pueblo me regalo un masebha, una suerte de rosario donde los musulmanes con sus dedos van rezando a Ala. He intentado practicar esta modalidad de oración dando gracias por esta oportunidad de estar en Siria, de mirarme desde estas raíces apreciando las ramas que han surgido firmes o quebradas.
Regar raíces de las zonas subterráneas carga y activa recónditas pasiones. Asoma tras ojos bañados de  trasparente nostalgia y bajan como pequeños racimos de historia entrañable.  Se seca la voz, se moja el alma; silencio, compañero empático ayudante de momentos solemnes, grúa que empuja a sondear más profundo y mirar el futuro desde una bufanda tejida por yemas que amo más desde estas conexiones misteriosas.
Desde aquí, desde lo descrito, baje desde el castillo de Shezar para terminar en la mezquita de Akareb para cerrar el silencio con  el rito integral de la oración del Islam.
Después, al regreso  del silencio: fiesta, a celebrar el retorno en  el hogar Gaibur que me alojó como un  autentico mas y  la danza colegiada de los árabes asomó en la alegría del encuentro.
 La propaganda occidental suena a anti danza.  Los misioneros que envían las iglesias, primero deben sacudirse el Baal del individualismo  y aprender con humildad que significan las relaciones humanas mas allá de la búsqueda de dioses personales. Destruye los valores que unen a este pueblo.
En la partida la nieve blanquea la densidad del adiós misterioso. Dejar Akareb, el pueblo de los Gaibur, deja encendida una luz  de un espacio congelado en el pasado y hoy al calor de la familiaridad tan estrecha lo deja encendido
¿Es así?  ¿Así lo han vivido quienes han hecho un viaje como este? Duele, apena,  como si algo que estaba se hubiera activado y parto con la sensación de haber estado siempre aquí, algún lugar de mi mismo  siempre estuvo aquí.

jueves, 14 de octubre de 2010

en ruta a mis raices...(2)

Un poco de horas en miles de historia es casi una profanación o pasar liviano sobre superficies que deberían hundirnos en las profundidades de nuestra historia. Pisar de prisa en un suelo que se levanta sobre los goznes de occidente es casi una metáfora de la alienación de nuestra civilización que mira con extrañeza este lado del mundo sin advertir que aquí están parte de los pulmones iniciales que oxigenaron la vida de nuestra cultura. En mi caso, fue por la vorágine de los vuelos. Llegue a Estambul el domingo en la tarde y el lunes debía partir a las 1430 hacia Damasco.
Un café mirando el Bósforo, aguas testigo de tantos cruces que marcaron el rumbo de millones de vidas. Al frente el Asia menor y yo saboreando un café turco desde el lado europeo con Mansur un turco musulmán ejemplo modelo de la hospitalidad que Mahoma pregonaba.  Caminar por el castillo del imperio Otomano observando el lujo, los excesos y también la sabiduría de ese pueblo fue lo más que pude hacer en las pocas horas que tuve. No así en la noche anterior, fuimos a la mezquita a la oración de la noche.
Cuando conquistaban un lugar, solo dejaban una iglesia como lugar de oración islámica, el resto seguía siendo cristiana, cosa muy distinta a lo que hiciera Constantino en sus conquistas.
La sala de justicia, donde el Sultán dirimía los serios conflictos del imperio tiene grandes ventanales. La razón es simple, esta debe gozar de un sólido estatutos  de trasparencia.
Pararse en el antiguo hipódromo Bizantino y mirar a un lado la mezquita azul, más bien llamada mezquita del sultán Ahmad y por el otro la Basílica de Santa Sofia convertida n un museo , es esforzarse por el intento que debemos realizar desde nuestro propia cultura, tratar de integrar desde la plaza de nuestra existencia los mundos distintos,  pero semejantes en sus raíces , que confluyen en nuestra propia identidad.  Es que la vida se para desde una plaza, tristemente reemplazada por el patio interior de nuestra individualista y mezquina realidad.
Al iniciar la fila del  paisaje de rostros que esperan tras un pasaporte el paso hacia las fronteras de sus propias vidas, observé que Mansur seguía donde los familiares y amigos esperan que se desvanezcan  los rostros que despiden en el mar humano de viajeros  que pasan hacia las puertas de sus nuevos horizontes o retornos.  Su mano alzada, al momento  de la breve entrevista con el oficial de inmigración, me hizo sentir nuevamente que la hospitalidad es una de las virtudes ancestrales más valoradas y, que los fieles y consecuentes musulmanes atesoran como una  de las obediencias más preciadas a Ala. No lo conocía, me estaba esperando a mi llegada a Estambul gracias al contacto con los amigos Turcos del Centro Islámica de Chile, Catarata. No me dejo pagar nada, se adelantaba a cancelar la entrada al castillo otomano, a la cisterna, las comidas etc, casi molesto aceptó que al menos le invitara un café.  Conecté a la distancia su mano de despedida alzando mi diestra. Que distinto seria el mundo si alzáramos más la mano para conectar redes humanas en medio de excesivas conexiones deshumanizadas.
Damasco de noche me esperaba con mi nombre impreso  tras Salim y su hermano Suliman llegamos a su hogar y una sala de estar llena de “Gaibures” esperando conocer a uno de los parientes que sembró su tío Ahmad en su viaje a América  a comienzos del siglo XX.  Ya voy descubriendo cosas interesantes, somos una sola familia  cuyo origen es un príncipe y su castillo esta en Shezar al norte de la cuidad de Hama. Cuando los turcos dominaron Siria usaron el castillo y se lo solicitaron al bisabuelo  trasladándose a cambio hacia Akareb, Donde instalaron su villa cuya medida particular está establecida por el cansancio de cuatro caballos jineteados hacia los cuatro puntos cardinales, donde su agotamiento estableció el límite de la villa de los Gaibur, tal como se lo habia indicado el gobernador turco. La sensibilidad y hospitalidad…  formó el pueblo y Akareb se transformó un una villa prospera  frenando el desierto
Dicen que todos están avisados, esperan al Gaibur chileno, entre ellos una poetiza muy renombrada  que dirige la asociación Siria de escritores. Una de los alrededor de mil miembros de la familia.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Desde el Balcón del Wade

Desde el balcón del Wade, tío pastor del camino de cerros y el plano, me evoca el ventanal del frente, el aroma del amor abuelado de la Vitalia de todos. La calle Retamo, tamo del ayer que aun nos queda
Las lomas dormidas en luces amarillas, caen como cascadas silentes en el olvido del mar y de los barcos de papel que terminan por hundirse donde la vista termina y las cascadas dejan de existir.
Evoco tantas cosas. Una madre grande cuyo sigilo arropaba en afectos. Las bufonadas de un hermano que hoy sala sus huesos en Playa Ancha.
Los juegos cómplices de primos asustados de perros. La gorda barbuda, colega y vecina del emporio almendral de italianos que en sus arrugas dibujaban con nostalgia la bota que dejaron. La jugarretas de un viejo lindo que dejo su alegría regada en el plano, limitado por cerros de su infancia dolida
– que daría por recoger tanta risa esparcida entre cerros, balcones y puertas espigadas para alimentar la pena presente del anfitrión de ayer.
Evoco miradas de ojos profundos que hablan desde adentro en el Wade que se fue. Llantos, muerte en bicicleta, caminatas al Recreo hongizida preservado de aguas marinas; de lenguas vivas tiritando enlimonadas en el paladar agotado del fin de seudo fiestas de la caleta portales.
Y en la evocación la imagen de Waldo inunda el lápiz y acalla el escrito. ¿Que estaríamos haciendo? Waldo hermanado en la sangre, la desdicha y la impotencia.
Evoco a la madre, fiel semblante de la vitaliosa abuela, parada por la entrega, estoica en amores, firme en la congoja, de ternuras concretas sin verbos de coronas.
La noche avanza desde el balcón y la cobija de nubes arropa los cerros de las luces dormidas, de senderos circenses aguardando al alba el estridente freno de micros alharacas cargadas de esperanzas furtivas que se van apagando con el sol naciente, como los envejecidos fierros de ascensores vuelven a subir en la misma rutina que no cambia por siglos.
La brisa acelerada de la aurora limpia la cuidad de sus infortunios y temblores, desparrama la sal para que las maderas apolilladas de casas monumentales detengan el ocaso de las glorias pasadas, amainando las lagrimas de la vieja señora vestida del olvido y del viejo almendral que no florece mas.
Viento burlón y traicionero que se mofa del túnel vacio de sentido del edificio prepotente del congreso dictatorial y empuja mi conciencia adolorida al pasado de una infancia feliz,
viento que acunas con zumbidos el sueño de los cerros, lleva mis lagrimas, que la evocación provoca, a la playa ancha  y, sin pensarlo, deposita  las lagrimas surcando los cerros para regar las flores secas donde se acuestan mis amores muertos.

martes, 12 de octubre de 2010

en ruta a mis raices...


Barcelona parece ser una buena puerta de entrada al medio oriente, ya el catalán pareciera ir entroncando el español a sus raíces y el   ambienta parece mirar hacia el pasado. Recorrer el sector gótico con sus pasadizos de antaño figura el propio viaje de esta ruta llena de búsquedas.  ¿Por qué volver es empezar? Como si la existencia anhelara el útero histórico que le dio ser e identidad. Así  grafico mi estado de ánimo.
Montjuic , la sagrada familia, la rambla del mar dejaron mi vista pegada en el viaje que inauguro, como uno de los más significativos.  No todo es un peregrinaje hacia uno mismo, El nue Camp y la goleada de Barca a Sevilla por 4 a 0 fue un desvío necesario.
El viaje con Omar a Bolivia, donde juntos aprendimos a valorar al pueblo Boliviano, la ruta en auto por USA con Marga como GPS, la selva panameña con Cata la aguerrida exploradora, aparte de los viajes que nos llevaron a vivir fuera de Chile; el viaje a México el 88, cuando me reencontré con la tierra de mi niñez y el cálido abrazo de mi hermano;  sumar  el viaje a Sudáfrica donde pude estar con miembros de la comisión de reconciliación y palpar el testimonio vivo de la  resistencia  y resilencia de las víctimas del apartheid, Se me olvidaba Cuba, su alegría y fortaleza reflejada en  la cálida entrevista que sostuve con Gladys Marín en su lucha contra el cáncer. Todos estos viajes  se suman a la lista de los viajes significativos… Bueno hay otros, que el tiempo les terminará de dar lugar en la vitrina de mis rutas de sentido pleno.