miércoles, 21 de diciembre de 2011

Vidas

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Madejas apiladas de roces del bovino
Palmoteadas de dedos artesanos,
Hilachos retorcidos de dolor y de huso
Coloridas de soles, Humectadas de lluvias
Acunadas de lunas. Abrigadas de noches.
Rodadas a la espera de palos laboriosos
Anudadas de quiebres,  manoteadas  de olvido.
Madeja que corre el surco de un tejido
Serás frontera de un viento  en tu rol de bufanda.
Cubre apariencias de humanos troncos fríos
afanosos de apodarte abrigo.
Vidas, madejas,
nudos tejidos.
Alguien tejera con tus hilos apilados
En pelotas traviesas de garras felinas.
Y serás algún día
 cuerpo de un cuerpo
Perfil   de aglomerados con sus vidas en nudos.

miércoles, 6 de julio de 2011

hoja invisible

Había que saber mirar y encontrarte. En medio del concreto,  el frio y  los intervalos breves que los cauchos de autos ciegos pisan sin conciencia. Allí  de pie ,a tus modos, abriéndote un espacio de libertad entre el dogma de cemento. El hierro frio invierno en la amnesia de suelas, el silencio del dolor, tu ternura  de pie y la belleza visible.


Como no sacar lecciones de tu fuerza, hoja espigada de  dignidad y  esperanza


Hojas
Hielo
Mojas, pisas
Paso, pasas
Frio, invierno
bello, bella
Ginko sanador y milenario 
                                          Calido al fin...

lunes, 25 de abril de 2011

A mar… garita de acogida y la vida linda.


Te acuerdas Marga? Tú mirabas el mar y silente despedías al Waldo navegante de mundos allendes.
Yo te miraba a ti, parada en el pequeño islote de la frágil tierra, sabiendo que la vida de los seres que se van se queda en ti y en la incertidumbre de todos los seres móviles en la embarcación del terruño.
Tus ojos. Tus hermosos y transparentes ojos, semejantes a tus hermanos, se clavan en el horizonte de un mar que nos acuna y llama. Llama a vivir, llama a morir. Y entre los llamados la existencia sentida, dolida y alegre. La mejor metáfora de la supuesta “caída” es caerse del mar. Pues allí, sin su brisa, el horizonte ya no nos mira más.
¿Por qué el mar se mira en tus ojos? desde ellos se contempla la hermosura de lo inmenso en tu vida plena, donde las carencias balancean los pasos y las frustraciones paran el rumbo para volver a intentar.
Marga de mar ita de la inmensidad no dejes de mirar.
Con cincuentada de intentos espero los nietos de la Catalfredo, contemplar los pasos del flaco estirado al infinito de logros y los tuyos, mi princesa, regalando estrellas de la mar.
Así no más, valga la pobreza del verso por menos fármaco y mas aliento tuyo capturando libélulas de ilusión que tus ojos convierten en vida.
¿Qué hacemos Ruben, Qué hacemos? Para que la niña de tus ojos y los mios siga mirando el mar

viernes, 25 de febrero de 2011

filosofía del tabaco que dejo de fumar

El incienso secular .
Se lleva quemando de a poco el corazón de las grandes frustraciones.
Va socavando la madera interior como pretendiendo que la combustión lenta se vaya haciendo cargo del sueño que nunca fue, de la realidad que se esfumó.
Ahúma  los sueños  y  vuelve nicotínica la realidad.
Va muriendo de a poco la vida que se te fue y se aspira profundo para decirle un doloroso adiós.
Y vuelves,  se prende otro tras otro en pausas breves de rutina Ionesco
Como las cantidades de velas que calientan el entorno de las animitas.
Porque en el fondo. es  el incienso de una despedida negada
Y ahumado caminas tabaqueado.

Humo contestatario.  
Lo prendes y el olor penetrante se lanza a las absurdas pretensiones de salud en un mundo donde no existen las alfombras limpias.
Contaminas lo contaminado,
Como si la homeopatía se pudiera hacer cargo de limpiarnos un poco.
Aparear la honestidad de asumir con la falsedad de evadir,   donde los devotos del incienso sacrosanto de rezos y rodillas son expertos.
Entonces lo vuelves a lanzar, como la dama orgullosa desde su largo filtro que humea el rostro de su interlocutor que en realidad no  la escucha.
Y el humo es el espejo más noble de la propia realidad interior y desde allí se eleva hasta perderse.
Llega a las narices del creador de la planta tabaquera quien sigue, graciosamente, dispuesto a bajar su diestra y prender el que viene o dejo de venir. 
Desde esa encendida confesión me voy despidiendo del masoquista humo adictivo.

lunes, 21 de febrero de 2011

desde la boda de la Catalinda y su flaco


Que difícil tarea impuso el oficiante. Encontrar un símbolo que represente este acto de entrega, de dejarte partir en estos nuevos lazos de amor que tejes con Alfredo.
Pensé en tu niñez. Pero no usaste chupete.
En tu infancia y caminaste rápido. No hubo andador
En tu adolescencia y asomó tu sana rebeldía en tu pelo encrespado al viento  que mis dedos, más de una vez,  intentaron desenredar al abrazo de tus sueños.
Y me he quedado pegado en tu sonrisa recilente. Hija del coraje y la nobleza.
Entonces,  me  acordé de tus cavilaciones vocacionales. Quisiste estudiar cocina para tener un restaurant y recuerdo haber mencionado que pelarías cebolla toda tu vida cuestionando tus decisiones. Pero optaste por que el prójimo no pele solo cebolla e hiciste de los social tu vocación y trabajo.
Eso hoy te entregamos. Una cebolla. Símbolo de lo que viene.
Desojarás,
llorarás,
reirás,
pelarás,
picarás finito
y aliñarás
todo a la vez, o una tras otra, la vida entera.
Le pondrás cebolla al pino que sabes ponerle a la vida.
Y como dice el refrán,
con tu flaco pan y cebolla.

sábado, 19 de febrero de 2011

una danza para bailar , me concede esta pieza...

Si estuviéramos contentos de ti, Señor,
no podríamos resistir a esa necesidad de danzar que desborda el mundo
y llegaríamos a adivinar
qué danza es la que te gusta hacernos danzar,
siguiendo los pasos de tu Providencia.
Porque pienso que debes estar cansado
de gente que hable siempre de servirte
con aire de capitanes;
de conocerte con ínfulas de profesor;
de alcanzarte a través de reglas de deporte;
de amarte como se ama un viejo matrimonio.
Y un día que deseabas otra cosa
inventaste a San Francisco
e hiciste de él tu juglar.
Y a nosotros nos corresponde dejarnos inventar
para ser gente alegre que dance su vida contigo.
Para ser buen bailarín contigo
no es preciso saber adónde lleva el baile.
Hay que seguir,
ser alegre,
ser ligero y, sobre todo, no mostrarse rígido.
No pedir explicaciones de los pasos que te gusta dar.
Hay que ser como una prolongación ágil y viva de ti mismo
y recibir de ti la transmisión del ritmo de la orquesta.
No hay por qué querer avanzar a toda costa
sino aceptar el dar la vuelta,
ir de lado,
saber detenerse y deslizarse en vez de caminar.
Y esto no sería más que una serie de pasos estúpidos
si la música no formara una armonía.
Pero olvidamos la música de tu Espíritu
y hacemos de nuestra vida un ejercicio de gimnasia;
olvidamos que en tus brazos se danza,
que tu santa voluntad es de una inconcebible fantasía,
y que no hay monotonía ni aburrimiento
más que para las viejas almas
que hacen de inmóvil fondo
en el alegre baile de tu amor.
Señor, muéstranos el puesto
que, en este romance eterno iniciado entre tú y nosotros,
debe tener el baile singular de nuestra obediencia.
Revélanos la gran orquesta de tus designios,
donde lo que permites toca notas extrañas
en la serenidad de lo que quieres.
Enséñanos a vestirnos cada día con nuestra condición humana
como un vestido de baile, que nos hará amar de ti
todo detalle como indispensable joya.
Haznos vivir nuestra vida,
no como un juego de ajedrez en el que todo se calcula,
no como un partido en el que todo es difícil,
no como un teorema que nos rompe la cabeza,
sino como una fiesta sin fin donde se renueva el encuentro contigo,
como un baile,
como una danza entre los brazos de tu gracia,
con la música universal del amor.
Señor, ven a invitarnos.

Madeleine Delbrel

miércoles, 2 de febrero de 2011

Credo Cincuentenario

Credo cincuentenario
Ya no fumo mas…

Vuelvo a ti, credo porteño.
puerto de mis huesos,
sangre de mis  amores
viento de mis nostalgias.
Puerto familiar, puerto del silencio
Del silbido de viento que cruza intruso los rincones de escalas eternas,
de casas señoriales y laberintos envejecidos mirando hacia al mar en sus salidas y entradas.
Sopla, brisa, hacia el norte, aunque las bisagras se traben en el pretérito imperfecto.

En lo que he dejado de creer hace, 10 años me habría considerado hereje.
Hoy, más libre, en pretensión al menos, y sacudido,
lo esencial comienza a raspar los goznes del alma.

He dejado de creer en la estructura de la religión cristiana occidental.
Algo así como la inutilidad de la armadura de David para derrotar a Goliat
 y armarse de lo simple de la vida para hacerle frente al gigante, hoy sistema.

He dejado de creer en el aparataje doctrinal que mutó la fe-entrega en creencias avaras y enmudeció la voz del Galileo de su simple vocativo a seguirle.

He dejado de creer  en la fe verbal que enmascara los actos y disfraza la autenticidad vulnerable en sonrisas de payasos y falsos aleluyas

He dejado de creer en la pureza doctrinal, ilusión que se nutre de las ansias de poder.

De la vestimenta religiosa me desvisto. Desnudo abrazo la espiritualidad transversal de todos y todas, quienes, desde la fragilidad, abrazan al prójimo como el autentico encuentro con Dios.
Ya no imito mas a Jesús, participo de Él.
Su gracia es el viento que empuja a jugarse y mojarse de nuevo por un mundo de encuentros.
Creo, a concho, en la gratitud y gratuidad,
el regalo de muchos que en  su cariño sano completa el equipaje suficiente para no seguir fumando el dolor de lo perdido y el penetrante aroma de los actos fallidos.
Ya no fumo más.
Amen.




miércoles, 12 de enero de 2011

He recorrido con las yemas de mi diestra una y otra vez todos los cantos esféricos del rosario islámico. A ratos impulsivo, apretaba la palma sobre ellos como abrazando. Dando, con pasión, gracias por todos.
Con los 20 euros que me regaló un cofradiaco para paladear algo este 2 de febrero, de esos amigos hermanados en la fraternidad de la clandestinidad de la policía eclesial. Me atreví  una pa… pues ella no está. Ecuación que espero el tiempo  despeje o simplemente viva con una diferencial sin solución.
En el rodar de los cantos por el peregrinaje afectivo de mis dedos asomaron los distantes, y Ala me ha ayudado a reconciliarme con ellos. También los he rozado, con temor, con respeto, con humildad y anhelos de reencuentro. No aprecio asperezas en el acercamiento, estas están en el espacio previo de la decisión de aproximarse.
Desde la opción sincrética que despeja el camino para la búsqueda  de la autenticidad los he acariciado una y otra vez. En una de ellas, me encuentro conmigo mismo y la dificultad estribó en mis errores, disturbios y desvíos. En ese momento aconteció Su presencia, compañera en todas las esquinas donde me he parado para preguntarme hacia donde giro o, simplemente advierto que el tiempo va encadenando los movimientos de viraje y ya es tiempo de tan solo vivir las consecuencias de lo optado. Me resisto a decidir que el pensamiento se entregue a esa esclavitud, apuesto por seguir creyendo.
Con gratitud he recibido la retroalimentación a mi atrevimiento de compartir la torpeza de mi unión de palabras, creyendo ingenuamente que trasmiten algo. Han sido muy generosos y generosas, cariñosos y pacientes, hasta me han hecho pensar que debo seguir intentando este difícil arte fusión de la pluma y el papel. Un ciego puede ver con el amor de los amados.
Un renuncio y apuesta. No fui al museo Del Prado. Me impuse no seguir contemplando la gratuidad de le estética sin tener a mi lado a quien decirle la hermosura contemplada, pues la compañía, compañera  compañero, es más bella que todo lo visto y por ver. Apuesto a volver.
Intenté un starbuck para estas notas cafeteadas, pero salí de allí bajo el impulso  del recuerdo del dolor etíope, cuyo café tostado, en el dolor de la pobreza, se filtra en el liquido que en la globalización fluye inconsciente y alineante. Ese mínimo acto ha hecho ver que creer es resistir. La vida todavía puede hacer algo por sí misma, al menos en la insignificante y muda voz de mi conciencia.
Camino al tren llamado cercanía, me dirigí sin pensar a una capilla que encontré de frente. Un acto impensado me sentó sin cerrar mis ojos. Pedí perdón. Todo lo que en esa capilla contemplé fugaz, ha servido para mediar un distanciamiento,  el abrigo del temor a exponerse al dolor y el rostro de los otros, que, por su parte, construyen lo mismo. De mis 49 años gran parte de ellos me han servido para alimentar el sin sentido de estos altares.  En mi primera visita al espacio reservado y excluyente que edificó el cristianismo me acerqué para pedir perdón y rogar: ¿por qué no vienes otra vez y en tres días nos dices que demolerás esto?
Sonó una campanilla al momento de pararme, comenzaba la misa.  Raudo, salí entendiendo en el instante que la misa o comunión está en la calle y el retorno hacia ustedes. Percibo en esto mi primer aprendizaje del islam.
Finalmente  refuerzo la agenda de mi peregrinaje cristiano:
1.       Diálogo interreligioso.
2.       Fe autocritica.
3.       Espiritualidad de la relación con la diversidad
4.       Sincretista como herramienta hacia lo esencial.
5.       La hospitalidad como comunión con Dios.
6.       No  imitatio Jesús, sino, participatio Jesús.

En el umbral del medio siglo nunca se es viejo para recibir lecciones.